jueves, 6 de septiembre de 2012

Sally Salminen: Kathrina



Al leer hoy la historia de Katrina, publicada en 1936 y ambientada entre 1870 y 1920, podemos caer en la tentación de pensar que su vida nada tiene que ver con la nuestra o, al menos, con la de quienes vivimos en el primer mundo. Sin embargo, aún hay, en los países en vías de desarrollo, millones de mujeres que luchan para sacar delante a sus familias con la misma escasez de medios e idéntica tenacidad. Por eso, cuando se recuerda que el exceso de todo lo necesario se vivió también en el mundo desarrollado, y que muchas familias vuelven a ver de cerca la escasez, empieza a pensarse que tal vez uno de los mensajes que transmite esta novela finlandesa sea muy actual. El recio carácter de Katrina tiene todavía mucho que decir. Su fortaleza ante la adversidad y su falta de autocompasión son un desafío al que se nos convoca en este remoto relato que transcurre en una isla del sur de Finlandia hace ya un siglo.
La protagonista comete un error de juventud: no acepta a ningún pretendiente de su aldea y se casa con el primer extranjero que aparece por allí bajo la promesa de que, en su tierra, los manzanos crecen por doquier. Pero cuando se da cuenta de su ligereza, de que ha vendido su reino por unos manzanos, no mira atrás… Incluso consigue enamorarse de un esposo fanfarrón y sin fundamento, un hombre de buenos sentimientos pero que no vale como compañero, ni como padre.
Tal vez la novela peca a veces de algo esquemática en su desarrollo. Pero contiene, aparte de sus valores humanos, muchos episodios de una gran fuerza emotiva. La protagonista, por ejemplo, acaba plantando un manzano por cada uno de sus hijos y por su marido. Esos manzanos con los que soñaba de joven. Y de pronto intuye cuándo ha muerto uno de sus hijos porque el manzano que llevaba su nombre es derribado una noche por una fuerte tormenta. Sin embargo, su vida nunca se rompe. Cuando nos den ganas de arrugarnos por un quítame allá esas pajas, cuando nos enroquemos por tal o cual falta de satisfacción personal, quizás la historia de Katrina  pueda servir de ayuda.

Sally Salminen: Katrina, trad. de Francisco Torres Ferrer y L. Vegas López, Madrid, Palabra, 2012, 526 págs

miércoles, 13 de junio de 2012

Claudia Piñeiro: Betibú



 Un conocido hombre de negocios aparece degollado en su domicilio. Su criada ha encontrado el cadáver. Un periodista joven, que se deja ayudar por otro viejo y experto, comienza a investigar. Pronto van a sucederse otras muertes misteriosas… Todos hemos leído cientos de novelas o visto miles de películas con estos ingredientes. La última novela de Claudia Piñeiro (Buenos Aires, 1960) es un patchwork de estereotipos de la novela policial y de suspense. El mismo espacio en el que la autora vuelca su historia–un exclusivo country club a las afueras de Buenos Aires-, ya lo ha tratado en su novela más famosa, Las viudas de los jueves. Sin embargo, Betibú se deja leer muy bien, nunca da la impresión de caer en la vulgaridad. ¿Por qué? Posiblemente se deba a dos motivos: uno, está bien escrita, siempre con ese tono neutro a lo Vargas Llosa o Manuel Puig; dos, consigue mostrar un personaje alrededor del cual va enhebrando toda la acción.
Ese personaje es Nurit Iscar, conocida por algunos como Betibú, por su parecido con Bety Boop, la heroína de cómic. Betibú es una mujer de mediana edad, ex periodista, ex escritora, inteligente, agnóstica, divorciada y con una vida sentimental a la deriva. El periódico para el que trabajó le pide que redacte una crónica diaria desde el country club donde se ha producido el crimen. Enseguida sus pesquisas hacen que trabaje en equipo improvisado con los dos periodistas que también están cubriendo el suceso. Lo más valioso no está, quizás, en el modo con que se va hilando la trama, ni en el hecho de que la protagonista sea una mujer decidida (a estas alturas otro tópico de la novela policial de hoy) sino en cómo vamos descubriendo a la protagonista, sus dudas y contradicciones, las relaciones con sus hijos, las amigas que la rodean y forman con ella casi otra familia. Nuria, es decir, Betibú, es hija de una sociedad burguesa y posmoderna que existe en Buenos Aires igual que en Madrid, Londres o París, todo esto sin que ella pierda su inconfundible argentinidad. Sus lazos afectivos tienen que recomponerse continuamente al ritmo que la vida le va imponiendo. Son reales la crudeza o el desenfado con que encara ciertas situaciones o las dificultades que atraviesa para intenta comprenderse. Otros personajes resultan también un acierto, particularmente el “pibe de policiales” (nunca se conoce su nombre), siempre colgado de su blackberry. El mundo de internet está reclamando su sitio en la literatura.
En definitiva, Piñeiro vuelve a ofrecer otro producto comercial, pero de calidad.

Claudia Piñeiro: Betibú, Madrid, Alfaguara, 2011, 354 págs., 18, 5 euros.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Aquilino Duque: Memoria y ficción en las letras españolas de trasguerra



 De un tiempo para acá viene reclamándose que se reescriba la historia literaria de España después de la Guerra Civil. No todo pudo ser un “páramo cultural”: ni se fueron todos los escritores al exilio, ni los jóvenes partían de la nada absoluta por muy duros que fueran el aislamiento internacional y la censura franquista. Ciertamente una de las dos España dejó de contar por unas décadas, pero eso no quiere decir que la otra estuviera integrada exclusivamente por bárbaros ignorantes.
No obstante, todavía quedan muchos mitos y prejuicios que demoler hasta llegar a una visión menos parcial de lo que fueron las cosas en el ámbito cultural. Este nuevo ensayo de Aquilino Duque pretende reivindicar la obra de siete notables figuras de esa orilla católica y conservadora hoy marginada por la mayoría de los manuales e historias al uso.
En el prólogo el autor renuncia a darle un capítulo a Cela, en parte porque –según él- no lo necesita, en parte porque –me parece- nuestro Nobel se sale del aire de familia que tienen los autores tratados: José María Pemán, Rafael Sánchez Mazas, Wenceslao Fernández Florez, Ramón Gómez de la Sena, los hermanos Villalonga y Vicente Risco. El naturalismo tremendista de Cela está muy lejos de cualquiera de ellos. Pero esto no quiere decir que la estatura literaria de cualquier miembro de esta serie no sea de consideración. El bosque animado es la mejor novela del siglo XX, según afirma Aquilino Duque y tal vez no le falte razón. Las semblanzas de otras obras hoy preteridas (Rosa Krüger, Miss Giacomini o La puerta de paja) invitan al lector a buscarlas y disfrutar de un pasado literario injustamente desconocido.
El elogio más discreto que se puede dar del estilo de Aquilino Duque es su brillantez. Con una gracia y una desenvoltura amenísimas el libro va repasando hechos y textos, al mismo tiempo que reclama con tono desafiante una relectura menos tópica de nuestro pasado. Así, se nos recuerda que el exilio, por ejemplo, no produjo novelas de la talla de La familia de Pascual Duarte o El bosque animado; o que los problemas y malas interpretaciones políticas podían darse también en el seno del régimen; o que la posibilidad de una novela “católica” en España no era asimilable a la que se dio en Francia o Inglaterra, donde el cristianismo intelectual era minoritario y problemático. Las anécdotas suceden a las interpretaciones, porque este no es un libro académico sino un ensayo personal en el que el autor, novelista y poeta al fin, interrumpe su discurso para gastar una broma, se enfada con las opiniones políticamente correctas y, sobre todo, dialoga con sus colegas y maestros, algunos de los cuales conoció de cerca.

Aquilino Duque: Memoria y ficción en las letras españolas de trasguerra, Madrid. CEU San Pablo, 2012, 95 págs.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Elena Garro: Los recuerdos del porvenir




La edición española de esta gran novela mexicana colma una laguna entre nuestros lectores que hacía falta rellenar. Los recuerdos del porvenir (1963) se editó cuatro años antes que Cien años de soledad. No es casual esta precedencia: Muchas de las situaciones y personajes de Los recuerdos del porvenir pueden recordar al mejor García Márquez sin el peligro de recordar mejor a García Márquez (como ocurre con Isabel Allende). El estilo de Elena Garro (1920-1998), elegante, lírico, sugerente, tiene personalidad.
La revolución de los cristeros –en los años veinte del pasado siglo-, es el momento histórico elegido para situar la acción. La novela da cuenta de las brutales represiones del gobierno contra los católicos en un pueblo del interior Ixtepec. Sin embargo, no estamos ante un  panfleto de denuncia ni siquiera de una novela de acción. Como el título indica, el libro es una reflexión sobre el paso del tiempo. Ixtepec es la cifra y el resumen de toda una sociedad, al igual que el Macondo de García Márquez. Y como cualquier espacio mítico, el transcurrir de los días no se cuenta de manera normal. El destino marca las vidas de los quienes habitan en este mundo aislado y reducido, de tal forma que no son capaces de salir de él.
Quizá por todo esto los personajes viven dominados por un fatalismo casi mágico, sin que sepamos muy bien por qué. Están todos marcados por los recuerdos de un pasado que los determina en adelante. En lugares así, no es extraño que sucedan hechos maravillosos o extraordinarios. Elena Garro anticipó con esta novela, obra maestra de la literatura mexicana, lo que luego vendría a conocerse mundialmente como realismo mágico.

Elena Garro: Los recuerdos del porvenir, Madrid, 451, 2011. 

viernes, 6 de abril de 2012

Stefan Zweig: Mendel el de los libros

Este pequeño y precioso libro se concentra en la mínima historia de un librero judío durante la Viena de la Gran Guerra. Jakob Mendel tiene una retentiva casi tan extraordinaria como la de Funes el memorioso pero, a diferencia del personaje borgiano, su capacidad no es una desgracia, sino un don del cielo. Amurallado frente a la realidad por sus queridos libros, pasa treinta años trabajando en una mesita del café Gluck. Sin embargo, una casualidad absurda termina con su encierro, cuando sea acusado injustamente de espionaje durante la guerra.
En 1929 Zweig imagina una fábula sobre la progresiva destrucción de un mundo, el del humanismo, encarnado en un pobre hombre enamorado de la cultura. La aniquilación de la memoria, del hombre y de sus libros, quizá fue un tema que atrajo al judío Zweig. Y toda la historia parece converger en esta redonda frase final que parece rebelarse contra las enseñanzas del Eclesiastés:
"Los libros sólo se escriben, para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido."

Stefan Zweig: Mendel el de los libros, Barcelona, Acantilado, 2009 (trad. Berta Vias Mahou)

viernes, 16 de marzo de 2012

Eduardo Halfón: Mañana nunca lo hablamos




Los recuerdos de infancia de un muchacho centroamericano de los años setenta pueden resultarnos más o menos lejanos, de acuerdo con la curiosidad de cada quien. Sin embargo, este libro del guatemalteco Eduardo Halfón (Ciudad de Guatemala, 1971) tiene la suficiente calidad como para atraer la atención de cualquier buen lector. Son diez episodios de la vida del escritor, nacido en una familia acomodada de origen judío. El gran terremoto de 1976, la experiencia de un tumor cerebral o unas sesione adivinatorias con los restos de un café, son algunas de las vivencias que el autor invoca con rara expresividad y estilo contenido. Más allá del estrecho círculo de la infancia, de la burbuja idílica de amigos y familiares, hay un mundo de miseria y prejuicios que el niño narrador apenas intuye, pero que poco a poco se va desvelando. El modo con que se divisa esa frontera impuesta por los adultos –eso de lo que nunca se habla-, es el hilo común que engarza todos los capítulos del libro.
¿Memorias de infancia o volumen de cuentos? Al lector común esta cuestión le importará relativamente poco. Lo que de verdad interesa es señalar la alta calidad de su escritura .

Eduardo Halfón: Mañana nunca lo hablamos, Valencia, Pre-textos, 2011.
(publicado en Nuestro tiempo, enero-febrero 2012)

lunes, 27 de febrero de 2012

Clara Obligado: El libro de los viajes equivocados


El viaje como metáfora del paso del ser humano por la tierra: este es el primer hilo que nos conduce de un cuento a otro por un recorrido tan variado como imaginativo. Clara Obligado, escritora de frontera entre España y Argentina, ha escrito un libro sobre el azar, la fugacidad y el desasosiego; libro surcado por toda clase de itinerarios: peregrinaciones de seres humanos o de animales prehistóricos, traslados libres o forzosos en trenes sin destino preciso, desplazamientos en taxis urbanos, travesías de emigrantes, caminatas por la playa, y ese viaje final para todos nosotros que es la muerte. No concede respiro al lector tanto movimiento: la indefensión de los personajes ante una realidad tan ligera es la misma que se puede sentir ante un suelo que tiembla bajo nuestros pies. 
El otro hilo con el que podemos comprender el dibujo complejo de este libro es el de la espiral. Como la autora indica en unas palabras preliminares y en el caligrama con que se cierra el volumen, la forma de la espiral representa la sofisticada arquitectura que entrelaza todas las historias. Una unidad secreta se descubre en las repeticiones de escenas, palabras, imágenes, personajes a lo largo del relato. Esa chica pelirroja que se va en el tren con el que comienza "El silencio", puede (o no) ser la protagonista de "Albania"; aquellos viejos que la pareja de Madison ve en Buenos Aires son los emigrantes polacos de otro cuento; la estación de tren de Angulema, una playa de Normandía, el mamut ahogado en Siberia, una misteriosa muchacha llamada Lyuba, son otras tantas presencias que aparecen y desaparecen en cuentos en apariencia muy distintos entre sí.
¿Qué hay detrás de tanta variedad de escenas y personajes? ¿Sólo un juego ingenioso de ecos y circularidades? Me parece que no. En la primera página vemos a Lyuba tumbada al sol en la playa. Una caracola le pincha en la espalda. Líneas más abajo la cámara enfoca su ombligo. Con estas dos imágenes se nos señalan muchas cosas: la estructura del libro, por supuesto, que discurre como la forma de la caracola y  el ombligo. Pero también el aspecto circular y repetitivo del tiempo; y aún más, ese carácter central, de omphalos, del ombligo femenino, origen simbólico de la vida. ¿La Mujer como centro del mundo? Pues quizá...



Clara Obligado: El libro de los viajes equivocados, Madrid, Páginas de espuma, 2011.