viernes, 6 de abril de 2012

Stefan Zweig: Mendel el de los libros

Este pequeño y precioso libro se concentra en la mínima historia de un librero judío durante la Viena de la Gran Guerra. Jakob Mendel tiene una retentiva casi tan extraordinaria como la de Funes el memorioso pero, a diferencia del personaje borgiano, su capacidad no es una desgracia, sino un don del cielo. Amurallado frente a la realidad por sus queridos libros, pasa treinta años trabajando en una mesita del café Gluck. Sin embargo, una casualidad absurda termina con su encierro, cuando sea acusado injustamente de espionaje durante la guerra.
En 1929 Zweig imagina una fábula sobre la progresiva destrucción de un mundo, el del humanismo, encarnado en un pobre hombre enamorado de la cultura. La aniquilación de la memoria, del hombre y de sus libros, quizá fue un tema que atrajo al judío Zweig. Y toda la historia parece converger en esta redonda frase final que parece rebelarse contra las enseñanzas del Eclesiastés:
"Los libros sólo se escriben, para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido."

Stefan Zweig: Mendel el de los libros, Barcelona, Acantilado, 2009 (trad. Berta Vias Mahou)

viernes, 16 de marzo de 2012

Eduardo Halfón: Mañana nunca lo hablamos




Los recuerdos de infancia de un muchacho centroamericano de los años setenta pueden resultarnos más o menos lejanos, de acuerdo con la curiosidad de cada quien. Sin embargo, este libro del guatemalteco Eduardo Halfón (Ciudad de Guatemala, 1971) tiene la suficiente calidad como para atraer la atención de cualquier buen lector. Son diez episodios de la vida del escritor, nacido en una familia acomodada de origen judío. El gran terremoto de 1976, la experiencia de un tumor cerebral o unas sesione adivinatorias con los restos de un café, son algunas de las vivencias que el autor invoca con rara expresividad y estilo contenido. Más allá del estrecho círculo de la infancia, de la burbuja idílica de amigos y familiares, hay un mundo de miseria y prejuicios que el niño narrador apenas intuye, pero que poco a poco se va desvelando. El modo con que se divisa esa frontera impuesta por los adultos –eso de lo que nunca se habla-, es el hilo común que engarza todos los capítulos del libro.
¿Memorias de infancia o volumen de cuentos? Al lector común esta cuestión le importará relativamente poco. Lo que de verdad interesa es señalar la alta calidad de su escritura .

Eduardo Halfón: Mañana nunca lo hablamos, Valencia, Pre-textos, 2011.
(publicado en Nuestro tiempo, enero-febrero 2012)

lunes, 27 de febrero de 2012

Clara Obligado: El libro de los viajes equivocados


El viaje como metáfora del paso del ser humano por la tierra: este es el primer hilo que nos conduce de un cuento a otro por un recorrido tan variado como imaginativo. Clara Obligado, escritora de frontera entre España y Argentina, ha escrito un libro sobre el azar, la fugacidad y el desasosiego; libro surcado por toda clase de itinerarios: peregrinaciones de seres humanos o de animales prehistóricos, traslados libres o forzosos en trenes sin destino preciso, desplazamientos en taxis urbanos, travesías de emigrantes, caminatas por la playa, y ese viaje final para todos nosotros que es la muerte. No concede respiro al lector tanto movimiento: la indefensión de los personajes ante una realidad tan ligera es la misma que se puede sentir ante un suelo que tiembla bajo nuestros pies. 
El otro hilo con el que podemos comprender el dibujo complejo de este libro es el de la espiral. Como la autora indica en unas palabras preliminares y en el caligrama con que se cierra el volumen, la forma de la espiral representa la sofisticada arquitectura que entrelaza todas las historias. Una unidad secreta se descubre en las repeticiones de escenas, palabras, imágenes, personajes a lo largo del relato. Esa chica pelirroja que se va en el tren con el que comienza "El silencio", puede (o no) ser la protagonista de "Albania"; aquellos viejos que la pareja de Madison ve en Buenos Aires son los emigrantes polacos de otro cuento; la estación de tren de Angulema, una playa de Normandía, el mamut ahogado en Siberia, una misteriosa muchacha llamada Lyuba, son otras tantas presencias que aparecen y desaparecen en cuentos en apariencia muy distintos entre sí.
¿Qué hay detrás de tanta variedad de escenas y personajes? ¿Sólo un juego ingenioso de ecos y circularidades? Me parece que no. En la primera página vemos a Lyuba tumbada al sol en la playa. Una caracola le pincha en la espalda. Líneas más abajo la cámara enfoca su ombligo. Con estas dos imágenes se nos señalan muchas cosas: la estructura del libro, por supuesto, que discurre como la forma de la caracola y  el ombligo. Pero también el aspecto circular y repetitivo del tiempo; y aún más, ese carácter central, de omphalos, del ombligo femenino, origen simbólico de la vida. ¿La Mujer como centro del mundo? Pues quizá...



Clara Obligado: El libro de los viajes equivocados, Madrid, Páginas de espuma, 2011.

viernes, 20 de enero de 2012

Edmund Crispin: La juguetería errante

Pocas novelas tan divertidas y, al mismo tiempo, tan literariamente artificiales como La juguetería errante. He de reconocer que me lo he pasado muy bien leyéndola.Todo aquí es  muy british: el ambiente oxoniense, el humor absurdísimo, la investigación concebida como un pasatiempo y esos estudiantes que paladean un madeira mientras hacen observaciones cínicas sobre el equipo de remo de la Facultad. La pareja protagonista no puede ser menos inverosímil: un poeta muerto de hambre y un profesor de literatura medio chiflado. Entre los dos llevan a cabo la investigación en medio de un Oxford de los años treinta, en donde una serie de coincidencias imposibles los va llevando a la resolución final del enigma. A diferencia de la mayor parte de las novelas policiales, incluso las de tradición inglesa a las que se adhiere Crispin, aquí nada se toma en serio. Ni siquiera el mismo caso. Los diálogos de los dos detectives aficionados, Cadogan y Fen, son demasiado absurdos. Como muestra este botón: a los dos los acaban de golpear unos individuos y los han atado de pies y manos. Entonces, para matar el tiempo, recurren al siguiente pasatiempo:

Vamos a jugar a los Libros Infumables -sugirió Fen.
-Vale. El Ulises.
-Vale. Todo Rabelais.
-Vale. El Tristram Shandy.
-Vale. La copa dorada.
-Vale. Rasselas.
-No,a  mí me gusta Rasselas.
-¡Santo Dios, bueno, pues entonces Clarissa!
-Vale, Titus... (pág. 130)

Quizás algunas de las persecuciones grotescas en bici, en camión o en piragua que pueblan la novela puedan recordar a El hombre que fue Jueves. Pero Chesterton, en medio de la broma, era un señor más serio. Salvo quizás alguna conversación al final, toda la novela es un gran cachondeo a costa, entre otros, del género policial, la Universidad de Oxford, las viejecitas inglesas y las novelas de Jane Austen. 

Edmundo Crispin: La juguetería errante, trad. José C. Vales, Madrid, Impedimenta, 2011.

jueves, 12 de enero de 2012

Enrique Krauze: Redentores. Ideas y poder en América Latina


.El autor de este libro es quizá uno de los nombres mayores del ensayo hispanoamericano actual. Historiador de conocida trayectoria, entre sus muchos libros se encuentran piezas maestras del género biográfico, como su monumental Biografía del poder, que recorre la trayectoria de los principales prohombres de México desde la Independencia hasta los últimos presidentes del PRI. Una estructura semejante ha guiado esta última entrega suya, en la que desarrolla los hechos e ideas de figuras relevantes del pensamiento y la acción política en Hispanoamérica a lo largo del pasado siglo.
La primera parte del libro esboza cuatro retratos imprescindibles de intelectuales de principios del siglo XX: Martí, Rodó, Vasconcelos y Mariátegui. Se trata de cuatro figuras colosales, cada una a su manera, que representan el papel singular del letrado en la escena pública hispanoamericana. El análisis que aporta Krauze no es demasiado original en ninguno de los casos, pero salta a la vista su capacidad narrativa y su conocimiento profundo de la obra de alguno de ellos, como José Vasconcelos. Las semblanzas posteriores abren el campo de observación a hombres y mujeres de acción, frente a los intelectuales, aunque a veces se confundan los planos, como es el caso del Che Guevara. La lista que promete Krauze es tan sugerente como variada. Además del mentado icono de la Revolución, están Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Eva Perón, Mario Vargas Llosa, Hugo Chávez, Samuel Ramos y el Subcomandante Marcos. Llama la atención la desigualdad de trato entre uno y otro. No me refiero a la inevitable y necesaria parcialidad del ensayista. Los personajes más amables desde su óptica son aquellos que, como Paz o Vargas Llosa, se sienten de vuelta de ideales que sólo conducen a la violencia y la falta de libertades. El problema reside, más bien, en la irregularidad de tonos y espacios. Así, a la amplísima y amistosa biografía de Paz –maestro de Krauze, no lo olvidemos-, le sigue otra demasiado breve de Evita. Una figura así de incómoda, contradictoria y egolátrica, merecía mucho más. Lo mismo se puede decir del capítulo de Chávez: más que una biografía es una diatriba política.
Para Krauze los anhelos redentores de líderes e intelectuales son, en general, nefastos para las naciones que pretenden salvar. Su ideario neoliberal, basado en pensadores como Berlin o Popper, le lleva a desconfiar de las utopías revolucionarias, aunque lamentablemente su discurso no termina de armarse de forma consistente. Las biografías, en muchos casos apasionantes, son demasiado dispersas como para poder seguir un hilo argumentativo común. El epílogo, poco más de diez apretadas páginas, esboza unas conclusiones que requerirían mayor análisis. Atribuir, por ejemplo, al catolicismo de la época colonial la raíz de estos redentorismos intransigentes no deja de ser una lectura simplificadora de Max Weber. También ha habido salvapatrias en otras culturas con un background muy distinto, incluso en regiones protestantes. El nazismo hitleriano prendió mejor en la Prusia luterana que en la Baviera o la Austria católicas. El continuo rebrotar de esa semilla seudomesiánica hubiera requerido de un análisis más demorado y complejo. Pero, en cualquier caso, he aquí un libro que presentará a muchos lectores una galería atractiva de un grupo de figuras esenciales de la historia hispanoamericana del siglo XX.

Enrique Krauze: Redentores. Ideas y poder en América Latina, Barcelona, Debate, 2011, 582 págs
(publicado en Aceprensa)

viernes, 9 de diciembre de 2011

Muriel Spark: El asiento del conductor


Lise, una mujer todavía joven y atractiva, viaja a Italia con un oscuro propósito que se va revelando al lector al poco tiempo de iniciar la lectura: La protagonista busca con toda seriedad un hombre que la asesine muy lejos de su patria. Con un estilo seco y un humor negro que entra de lleno en el cinismo, Muriel Spark va detallando la peripecia de una mujer a la deriva de sí misma.
Hace bastantes años el título original de la novela (A Driver’s Seat) se tradujo de forma quizá chistosa para la época (Mujer al volante), pero muy poco adecuada para la actual. Lo cierto es que una posible interpretación de la historia tendría que ver con la violencia de género, drama que, por cierto, sufrió la misma Muriel Spark en su vida. Sin embargo, el problema, en la novela es bastante complejo, pues es la mujer quien persigue su propia destrucción.
Qué lleva a Lise a tomar una decisión tan terrible es quizá la pregunta decisiva de toda la novela. Spark, fiel a sí misma, no da demasiadas explicaciones. Desde un punto de vista puramente formal, lo interesante es el punto de vista, siempre exterior al personaje, de forma que nunca sabemos con completa certeza por qué actúa de una forma tan extravagante. Pero algunas pistas van apareciendo aquí y allá. Una cadena de desdichas afectivas y la falta de asideros morales son algunas de las respuestas que sugiere el relato. Más que la historia de una búsqueda macabra, esta novela gira en torno a una huida desesperada. Es la fuga de una mujer desquiciada por una sociedad fría, materialista y egoísta, que, desde la óptica de la autora, se identifica con la moderna Gran Bretaña. Alguna vez se ha dicho que la obra literaria de Muriel Spark se acerca, por su desgarro, a la de una Patricia Highsmith o una Iris Murdoch. Sin negar el parentesco, no es menos cierto que la fe católica de la escritora escocesa proporciona también otra dimensión a su peculiar sentido de la sátira. El Evelyn Waugh de Un puñado de polvo, con su repertorio de individuos grotescos y desorientados, es tal vez uno de sus referentes más claros. Sin una perspectiva trascendente, los personajes de una sociedad neopagana acaban desquiciados. No es otra cosa lo que le sucede al protagonista de El asiento del conductor, que termina por desear su inmolación en un país ajeno donde ella se sienta alguien, aunque sólo cumpla el papel de víctima.

(Muriel Spark: El asiento del conductor, Zaragoza, Contraseña. 2011, 136 págs.)

martes, 20 de septiembre de 2011

Juan Gabriel Vásquez: El ruido de las cosas al caer


Premiada con el Alfaguara de este año, la última novela de Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) se localiza en la Colombia de los años setenta, cuando el narcotráfico empieza a desplegar toda su ominosa presencia en el país. Un joven profesor de Derecho, Antonio Yammara, se hace amigo de un hombre de mediana edad atormentado por una oscura historia, Ricardo Laverde. Por un trágico azar, el protagonista está junto a Laverde cuando este es asesinado en medio de la calle. Yammara, que ha resultado herido de gravedad, queda profundamente conmocionado por la experiencia y su vida, hasta entonces burguesa y tranquila, se transforma. A partir de ese momento, su matrimonio empieza a entrar en una lenta deriva mientras él trata de comprender el pasado de su amigo desaparecido.
Como todas las tragedias, el final se conoce de antemano y el destino de Laverde (al igual que el del resto de los personajes) está escrito y es conocido, o intuido, por los lectores casi desde el comienzo. Con el borroso recuerdo de la Crónica de una muerte anunciada de García Márquez, la novela se construye a partir de una investigación obsesiva en donde los muchos detalles que van brotando aportan sólo una verdad muy relativa a los hechos. Algún que otro episodio secundario, de hecho, no añade gran cosa al conocimiento que busca Yammara, pero vale por sí mismos, casi como un cuento independiente.
Lo mejor del libro es, sin duda, la calidad del estilo con que está elaborado. Vásquez domina una prosa tersa, elegante. El autor exhibe todo su talento en las distintas atmósferas donde se desarrolla el relato. Son muy bellas sus evocaciones del hermoso barrio de la Candelaria, en Bogotá, o de la hacienda Villa Elena, en los idílicos paisajes del interior. Se intuye una sólida formación literaria detrás de algunas alusiones o del sofisticado andamiaje narrativo, pero nunca se cae en el amaneramiento o el pintoresquismo. Además, la trama se va siguiendo con interés y facilidad gracias a una dosificación inteligente de los elementos principales del argumento.
Por desgracia, a mi modo de ver, estas expectativas se ven algo defraudadas en el tramo final de la novela. Ciertamente su halo trágico justificaría que la conclusión no depare demasiadas sorpresas, pero el lenguaje es innecesariamente desgarrador y las acciones repetidas sugieren un efecto morboso algo pesado. Tampoco parece convincente el afanoso anhelo del protagonista por esclarecer la vida de su antiguo amigo, hasta el punto de enredarse en una aventura autodestructiva en la que no falta un escarceo erótico sin trascendencia. No está claro si el lector podrá identificarse con la obsesión que mueve toda la novela. Por eso, de las dos historias que confluyen en la novela, la del atormentado ex piloto de aviación y la del abogado prometedor, la primera acaba por superar en verdad y en interés a la segunda. 


Juan Gabriel Vásquez: El ruido de las cosas al caer, Madrid, Alfaguara, 2011, 259 págs.